Participè como voluntaria en la ùltima ediciòn de Apimondia, 5 dìas inmersa en el mundo de la miel y probando la miel de todos los rincones del mundo, empezando por los de nuestro paìs. Què rico!!!!!!!!!!!!!!
Estuve en el punto de Informaciones del salòn de la exposiciòn. Gentes de todo el orbe y no exagero: nuestros del norte y del sur y del mar al Ande, del otro lado, una lluvia de chilenos, productores, interesados en ver còmo hacemos las cosas aquì. Del Uruguay, Bolivia, Perù, Colombia, Venezuela, Mèxico, Estados Unidos y Canadá. De Europa vinieron todos, hasta un luxemburguès!!!!!!!!!!!!!! Cayèndose casi en el Asia, ucranianos, rusos, turcos. Del Asia, libaneses, indios (de los de allà), coreanos, chinos, neozelandeses, australianos. Africanos no faltaron tampoco de Marruecos, Ruanda, y Sudafrica.( y si me olvido algùn paìs, es pura desmemoria, porque cuando yo estudiè geografìa no existìan).
El salon pleno de stands, y en el medio uno grande de Argentina , al lado el Consejo Federal de Inversiones, Ministerio de Agricultura, Pesca y Ganaderìa de Naciòn , Ministerio de Asuntos Agrarios de la Prov. de Bs.As. Salas de Conferencias donde en 20 minutos los oradores trasmitìan sus saberes,sus inquietudes. El pùblico respondìa activo. Tambièn hubo salas para negociar. Eso era otro espectàculo: los productores, los distribuidores, los proveedores, daba gusto verlos comerciar.
Habìa una reina elegida en la ùltima Apimondia, en Francia, una joven india que era una belleza, vestida con sari y coronita. Como buena reina, sonreìa a todo el mundo y se fotografiaba con todos.
Les cuento lo màs rico: probar mieles y mieles, y mieles.... Los productores presentaban sus mieles en copas de vino de pie alto, recubiertas por papel metàlico que hacìa las veces de tapa. Al lado de las copas unos vasitos con esos palitos de plàstico para revolver el cafè, y al lado un cesto donde desechar los palitos usados. Emociòn. Me latìa el cuore, me acerco, destapo, meto el palito, y lo doy vueltas en el aire para que no caiga la miel, pruebo. Hago como cuando se cata el vino, primero en la punta de la lengua y luego a los costados y crèanme, aùn con esa pizquita se sentìa todo el sabor. La que màs me gustò fue obviamente la de eucaliptos (la de àca, què le vamos a hacer, tengo el paladar acostumbrado), probè una de Brasil, de cajù, que estaba buena, y la que no me gustò ni un poquito fue la de colza.
Hubo tambièn cata de hidromieles, pero a esa lleguè tarde.
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